En Yap se usaban como dinero unos discos de piedra caliza llamados rai, algunos más grandes que una persona. La piedra se traía de otras islas en canoa, a cientos de kilómetros, y por eso era escasa y valiosa.
Lo curioso es que las piedras casi nunca se movían. Cuando alguien pagaba con una, la piedra se quedaba donde estaba y todo el pueblo sabía que ahora tenía otro dueño. Se cuenta incluso que una piedra se hundió en el mar durante el transporte y siguió considerándose valiosa, porque todos sabían que existía.
La lección: El dinero funciona porque **todos confiamos** en él y llevamos la cuenta de a quién pertenece. Tu saldo del banco funciona igual: casi nunca es dinero que puedas tocar.
Lo que se discute: El relato de la piedra hundida procede de un viajero del siglo XIX, William Furness, y no se puede comprobar.
Fuentes: Milton Friedman, «The Island of Stone Money», Hoover Institution, 1991 · William H. Furness III, «The Island of Stone Money: Uap of the Carolines», 1910